CRÓNICA DEL MARTES 30 DE JUNIO DE 2015
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Lo bonito de ser funambulista, por Cintia Álvarez
Ayer, martes 30 de junio, a las 20:30 horas, el escenario delTeatro Auditorio de Cuenca alzaba el telón para recibir a Jardín de Colibrí, laprimera de las actuaciones previstas para el martes en esta cuarta edición deEstival Cuenca. Una apuesta diferente que consiguió que los asistentesdisfrutaran de la paz y la reflexión que los dos artistas traían consigo.Cuencos sonoros tibetanos, acompañados por tambor oceánico, chamánico, kalimba…fueron los protagonistas de la jornada durante la primera hora.
“Sientan”, recomendaban los músicos a modo de imperativo yúnico requisito dirigido al público. Un viaje por lo onírico, por lapercepción, a través del tambor, instrumento presente en todas las culturas delplaneta.
Ritmo, energía, espíritu, masaje emocional. Vuelta a lanaturaleza, a los orígenes, a la metáfora del ánima del colibrí, siempre enrenovación constante.
Música que no solo trae la calma, sino que nos acerca al mar,al agua, nos permite, incluso, escuchar el aire. No faltó el recuerdo a todasaquellas naciones a las que ni con la música llega la calma, pues son fruto dela explotación derivada del acoso del “homus economicus”.
Sonidos limpios, puros, que evocan multitud de metáforas, desensaciones. Jardín de Colibrí acercó a la capital conquense una música con laque la gente no suele estar familiarizada, que no acostumbran a ver sobre unescenario, y menos de esta envergadura.
A las 22:00 horas, era el turno de uno de los espectáculosmás esperados por el público que con asiduidad llena las butacas de Estival:The Funamviolistas. Un dato ya hablaba por sí solo desde el día en el que sehizo pública su visita a Cuenca y su presencia en el cartel de esta cuartaedición: en 2014 fueron galardonadas con el Premio Max al EspectáculoRevelación.
Ya en 2013 habían recibido el Premio Talent Madrid al mejorespectáculo musical. Lo que se vió sobre el escenario no dio lugar a dudas: hayreconocimientos que, a veces, se quedan demasiado cortos. Un contrabajo, unviolín y una viola son los instrumentos que estas tres mujeres artistas estándando a conocer a través de su obra. Aunque esto pudiera ser realmente lo menosdestacado del significado de la misma. El valor añadido que ellas aportan es laoriginalidad, el mostrar algo diferente en este mundo tan homogéneo.
La variedad y el contraste de sonidos, los recursos al humor,al baile, a la danza o al canto, forman el bagaje suficiente como paraclasificar el espectáculo como muy recomendable.
Un homenaje a la música callejera, a los músicos de banco yde barrio, a todos los que han de ganarse la vida tocando música en las calles.Un guiño a soportarlo todo, aunque caiga el chaparrón, con esa escena sublimeen la que empieza a llover, sacan el paraguas y continúan tocando. Un grito alcompañerismo, a la empatía, a la necesidad de hacer piña en un mundo tancomplicado.
Un nombre que ya en sí mismo es una obra maestra. No puedeexplicarse mejor lo que significa ser músico, y más si cabe, lo que supone estopara las mujeres, ese colectivo que cuenta para todo con una dificultad extra.Caminar sobre una cuerda, que también podía verse reflejada en esa cuerda quesujetaba la farola. Una farola que aparece durante toda la trama de formainestable, mal sujeta, y que al final consiguen enderezar. Una mirada risueña yesperanzadora a lo bonito que a veces es ser funambulista de la vida. Disfrutarde todo aquello que vaya llegando aún con la inestabilidad y lo difícil de lostiempos que corren.
Una velada que acabó con un público en pie agradecido por loque veían sus ojos y disfrutaban sus sentidos una noche más.
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